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 About María Marne

Psicóloga forense y sanitaria especializada en evaluación psicológica y elaboración de informes periciales.

Vulnerabilidad: ¿Por qué cuesta tanto mostrarnos y dejarnos cuidar? 

Dos mujeres se abrazan y se dan la mano, apoyando la cabeza en el hombro

Sobre el miedo a mostrarnos, la necesidad de protegernos y la posibilidad de permitir que otros nos acompañen.

¿Qué es y que no es vulnerabilidad?

La vulnerabilidad es la posibilidad humana de vernos afectados por lo que nos ocurre. No implica necesariamente debilidad ni incapacidad, sino reconocer que no somos completamente autosuficientes y que, en determinados momentos, podemos necesitar protección, apoyo o cuidado.

El origen del término vulnerabilidad es el término latino “vulnus” que significa herida, golpe, punzada y también desgracia o aflicción. 

Sentirnos vulnerables conlleva reconocer el poder sentirnos heridos, estar en sensación de peligro, conectar con la incomodidad y sentir una pérdida de control sobre lo ocurrido. 

Además, como característica de lo humano, la vulnerabilidad puede hacernos conectar con la incertidumbre, el riesgo y la exposición emocional. Al mismo tiempo, implica conexión y contacto con los demás; puede requerir valentía y resulta sana y necesaria para construir y mantener vínculos interpersonales.

De hecho, entrar en contacto con nuestra vulnerabilidad puede ser una condición que permita sostener un vínculo seguro con otra persona: poder pedir lo que necesito, expresar cómo me siento y compartir mi sufrimiento contigo sin miedo a tu reacción.

La vulnerabilidad no es debilidad

Sentir la vulnerabilidad es una experiencia humana, no un defecto. Aunque puede resultar incómoda, nos vamos a sentir vulnerables en muchos momentos de nuestra vida, precisamente porque forma parte de ella.

Por tanto, lo que puede hacer que esta experiencia resulte más llevadera no es dejar de sentirnos vulnerables, sino cómo nos sentimos acompañados cuando lo estamos y cómo, también como adultos, aprendemos a acompañarnos a nosotros mismos.

¿Cómo aprendemos a relacionarnos con nuestra vulnerabilidad?

Nacemos siendo vulnerables. Durante los primeros años dependemos de otras personas para sobrevivir, sentirnos seguros y aprender a regular lo que nos sucede. Necesitamos poder expresar hambre, miedo, dolor, cansancio o necesidad de contacto.

Sin embargo, no todas las personas hemos aprendido que mostrar nuestras necesidades es seguro. Algunas hemos recibido escucha y consuelo; otras hemos aprendido que pedir ayuda molesta, que mostrar emociones es peligroso o que debemos poder con todo.

Las experiencias tempranas pueden influir en que aprendamos a pedir ayuda, ocultar lo que sentimos o protegernos mediante la distancia y la autosuficiencia.

Por eso, en la edad adulta, la vulnerabilidad puede vivirse de formas muy diferentes: algunas personas buscan apoyo rápidamente; otras se desconectan, se protegen, se exigen demasiado o evitan necesitar a los demás.

Para conocer cómo la reconozco, la expreso y convivo con mi vulnerabilidad es necesario tomar consciencia de que una situación determinada me hace sentir vulnerable, reconocer qué me ha hecho sentir vulnerable, identificar cómo me siento ante ello y entender cuáles son mis necesidades en ese momento. 

Una pequeña práctica para reconocer nuestra vulnerabilidad

Y aquí me gustaría proponerte una pequeña práctica contigo mismo en situaciones en las que te sientas vulnerable. Quizá puedas detenerte un momento y preguntarte:

Para empezar, ¿qué ha ocurrido?
¿Qué situación estoy viviendo? ¿Qué es lo que me ha hecho sentir vulnerable?

¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué emociones aparecen? ¿Puedo identificarlas y ponerles un nombre?

¿Qué necesito ahora mismo?
¿Qué necesito de mí, de los demás o de la situación que estoy atravesando?

¿Con quién puedo compartirlo?
¿Hay alguien con quien pueda sentirme escuchado, comprendido y seguro para mostrar lo que me está pasando?

¿Qué límite necesito poner?
¿Hay algo que necesito proteger, pedir, rechazar o expresar para cuidarme?

Y, quizá, ir un poco más allá:

  • ¿Qué me sucede cuando me encuentro en una situación de vulnerabilidad?
    ¿Puedo reconocerme vulnerable o trato rápidamente de esconderlo, controlarlo o alejarme de lo que siento?
  • ¿Cómo reacciono cuando me siento vulnerable?
    ¿Busco apoyo? ¿Me aíslo? ¿Me pongo a la defensiva? ¿Intento tenerlo todo bajo control? ¿Me exijo más?

Y, finalmente:

  • ¿Cómo me relaciono con mi propia vulnerabilidad?

Porque quizá no se trate tanto de dejar de sentirnos vulnerables, la vulnerabilidad no desaparece, sino de poder reconocer ese lugar, comprender qué nos ocurre cuando estamos ahí y aprender, poco a poco, a acompañarnos también en él.

Además la investigación ha relacionado la vergüenza y la autocrítica con mayores dificultades para mostrarnos vulnerables, mientras que la autocompasión puede favorecer una relación más amable y comprensiva con nuestra propia experiencia.

Reconocer la vulnerabilidad en la relación con los otros

¿Me permito mostrarme vulnerable con los demás? ¿Qué emociones despierta en mí reconocer mi vulnerabilidad ante otras personas?

La vulnerabilidad también necesita límites

Ser vulnerable no significa contarlo todo a cualquier persona. La apertura emocional necesita confianza, límites, reciprocidad y seguridad. Por eso, mostrarnos vulnerables también implica poder elegir con quién, cuándo y hasta dónde queremos hacerlo.

Cuando podemos expresarnos desde nuestra vulnerabilidad, podemos facilitar la conexión con la otra persona, sentirnos más humanos y abandonar, al menos por un momento, la necesidad de esfuerzo constante para poder simplemente ser.

También podemos reconocer nuestras propias necesidades y nuestra interdependencia, así como mostrarnos más sensibles al sufrimiento de los demás. En este sentido, la vulnerabilidad puede contribuir a construir relaciones más íntimas y significativas.

Sentirnos vulnerables, por tanto, no es un problema que tengamos que resolver.

Podemos aprender a habitar la vulnerabilidad acompañados y, al mismo tiempo, aprender a acompañarnos a nosotros mismos. Porque mostrarse vulnerable no significa estar disponible para que cualquiera entre en nuestro mundo emocional.

La vulnerabilidad saludable también necesita discernimiento, límites, confianza y reciprocidad.

¿Cómo comunicar a los hijos la separación?

en la foto sale un niño agachado en medio de dos padres discutiendo

Orientaciones para abordar con los hijos la separación de los padres y acompañarlos durante el proceso de cambio familiar

Comunicar una separación a los hijos es una de las conversaciones más difíciles que pueden afrontar unos padres. No existe una manera perfecta de hacerlo, pero sí hay formas de transmitirlo que ayudan a reducir la incertidumbre y a protegerles emocionalmente.

La ruptura de la relación de pareja no implica necesariamente una ruptura de la relación parental. Sin embargo, el impacto emocional del proceso de separación y el conflicto entre los adultos pueden dificultar temporalmente la capacidad de ambos progenitores para coordinarse y responder a las necesidades de sus hijos.

Cuando los adultos consiguen diferenciar ambos planos, la pareja que se rompe y la función parental que debe continuar, es más fácil ofrecer a los niños seguridad, claridad y estabilidad.

Antes de comunicar la separación: algunas ideas importantes

Ideas claras y compartidas

Es frecuente sentir miedo o culpabilidad: miedo a hacerles daño, a que se enfaden, a que dejen de confiar, a no saber responder a sus preguntas o a equivocarse en las palabras. Sentirlo no te convierte en una mala madre o un mal padre; muestra que esta conversación y el bienestar de tus hijos te importa.

Sin embargo, antes de sentaros con vuestros hijos, conviene que los adultos hagáis una pequeña preparación. No se trata de ensayar un discurso perfecto, sino de llegar a la conversación con unas ideas mínimas y acordadas.

Comunicar la separación cuando la decisión está tomada

Cuando la decisión está tomada y podéis ofrecer información concreta, los hijos tienen más posibilidades de comprender qué ocurre y de sentirse acompañados en los cambios.

¿Cuándo y quién debe comunicarlo? 

Siempre que sea posible, exista un mínimo de acuerdo entre los progenitores y la situación sea segura para todos, puede ser positivo que ambos comuniquen juntos la separación. De este modo, los hijos reciben un mensaje compartido y pueden percibir que, aunque la relación de pareja termine, ambos continúan ocupándose de ellos.

Cuando existe un nivel elevado de conflicto, violencia, intimidación u otras circunstancias que hagan desaconsejable una conversación conjunta, no es necesario forzar esta situación. En estos casos, será importante priorizar la seguridad y el bienestar de los hijos.

La decisión se ha de comunicar cuando se haya tomado en firme por ambas partes de la pareja y no antes, para no dar lugar a que se disparen en los hijos fabulaciones y alianzas. 

¿Cómo comunicar la separación a los hijos? 8 recomendaciones

Qué información conviene transmitir:

  • Elegid un lugar conocido y tranquilo
  • Reunid a todos los hijos para evitar secretos, versiones diferentes o la carga de que el hermano/a mayor tenga que explicarle al pequeño/a
  • Mostraros serenos y calmados, es importante que no os vean desbordados o asustados sino que encuentren a sus padres en ese momento regulados y confiados
  • Transmitir que es una decisión conjunta, siendo de los padres y no de ellos
  • Hablarles del plan de vida y los cambios prácticos que surgirán a partir de ahora: dénde vivirá cada uno, cuándo estarán con cada progenitor, cómo serán los contactos, si cambiará algo de su entorno actual etc. 
  • Evitar trasladar la culpabilidad tanto con relación a cada miembro de la pareja como para alinear alguno de los hijos/as en contra del otro progenitor
  • Darles la oportunidad de que hagan las preguntas que necesiten 
  • Dosificar la información y adaptarla a la edad de los menores 

¿Cómo explicar la separación según la edad de los hijos?

Comunicar la separación a niños pequeños

Necesitan rutinas simples, presencia y repetición, por ejemplo: “Papá vivirá en otra casa. Tú seguirás yendo al cole, estaremos contigo y verás a papá/mamá estos días.”

Cómo explicarla a niños en etapa primaria

Necesitan explicaciones claras y posibilidad de preguntar, por ejemplo: “Hemos decidido separarnos porque como pareja no estamos bien, pero los dos seguiremos cuidándote.”

Cómo hablar de la separación con adolescentes

Necesitan honestidad respetuosa, información práctica y participación limitada, por ejemplo: “Entendemos que este cambio afecta a tu vida. Queremos escuchar qué necesitas, aunque las decisiones de adultos las tomaremos nosotros.”

Después de comunicar la separación: el cuidado continúa

En una separación, los hijos no solo escuchan la conversación formal. También perciben silencios, tonos, miradas, comentarios irónicos, conversaciones telefónicas, discusiones y cambios de conducta.

Como padres, se deben anteponer las necesidades de los hijos a las suyas propias. Los padres han de estar atentos a satisfacer las necesidades básicas que de forma especial reviven los hijos en estas circunstancias de crisis: seguridad de afecto y protección, futuro, liberación de la culpa, comunicación.

Qué conviene evitar durante una separación con hijos

  • Hablar mal del otro progenitor delante de los hijos.
  • Contarles infidelidades, deudas, reproches o detalles de procedimientos judiciales.
  • Pedirles que elijan con quién quieren estar o que valoren quién tiene razón.
  • Utilizarlos para transmitir mensajes: “dile a tu padre…”, “pregunta a tu madre…”.
  • Preguntarles para obtener información sobre la vida del otro progenitor.
  • Usar frases que generen culpa: “tu padre nos ha abandonado”, “por tu madre no podemos hacer esto”, “si no fuera por…”.
  • Hacer promesas que quizá no podáis cumplir.
  • Alimentar expectativas de reconciliación si no existe una posibilidad real.
  • Convertirles en apoyo emocional adulto: “eres lo único que me queda”, “no sé qué haría sin ti”, “tienes que cuidarme”.

Proteger a tu hijo implica permitirle conservar la relación con ambos padres y evitar que tenga que posicionarse.

¿Cuándo buscar ayuda psicológica ante una separación?

Pedir ayuda no significa que hayas fracasado. A veces una orientación profesional breve permite ordenar el momento, preparar una conversación difícil y evitar que el conflicto adulto pese sobre los hijos más de lo necesario.

Puedes buscar ayuda psicológica cuando notes que tu hijo o hija está teniendo dificultades para adaptarse a la separación y ese malestar es intenso, se mantiene con el tiempo o afecta a su vida diaria.

Algunas señales son tristeza, ansiedad, irritabilidad, cambios en el sueño o el apetito, problemas escolares, aislamiento, quejas físicas frecuentes, sentimientos de culpa o un rechazo intenso hacia uno de los progenitores. 

También puede ser útil pedir orientación si el conflicto entre los adultos hace difícil tomar decisiones o mantener una relación parental estable y centrada en las necesidades de los hijos.

Si necesitas acompañamiento profesional:

En algunos casos, no es necesario un tratamiento prolongado. Una orientación profesional puede ser suficiente para preparar cómo comunicar la separación, anticipar las dificultades y establecer pautas de comunicación y coordinación parental.

Una separación no tiene por qué convertirse en una experiencia traumática para los hijos. Lo que puede resultar especialmente perjudicial es quedar atrapados en el conflicto entre los adultos, sentir que tienen que elegir, asumir responsabilidades que no les corresponden o perder la seguridad respecto a sus figuras de referencia.

Harold, G. T., & Sellers, R. (2018). Annual research review: Interparental conflict and youth psychopathology: An evidence review and practice focused update. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 59(4), 374–402. https://doi.org/10.1111/jcpp.12893

Romero Navarro, F. (2002). La mediación familiar. Un ejemplo de aplicación práctica: La comunicación a los hijos de la separación de los padres. El papel del mediador. Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, 40, 31–54.

¿Cómo se elabora un informe pericial psicológico de parte y qué debe contener?

Maria Marne perito psicológa y autora de este artículo aparece firmando sobre su escritorio de trabajo

Descubre qué puede aportar un informe pericial psicológico de parte a tu defensa

El informe pericial psicológico constituye una herramienta especializada que permite aportar al procedimiento judicial información procedente de la evaluación psicológica y ayudar a comprender aquellos aspectos del funcionamiento de una persona que pueden resultar relevantes para la cuestión planteada.

En muchos procedimientos judiciales, los hechos por sí solos no siempre explican lo que realmente ha ocurrido. Detrás de una denuncia por vulneración de derechos en el ámbito laboral, un proceso de divorcio con una disputa por la custodia de un menor o una reclamación por daños, existen variables psicológicas que pueden influir en la conducta, el impacto sufrido y las decisiones de las personas implicadas.

Pero, ¿cómo se elabora un informe pericial psicológico de parte? ¿Qué cuestiones puede valorar y qué elementos debe contener para que sus conclusiones estén adecuadamente fundamentadas?

¿Qué aporta un informe pericial psicológico de parte?

Una valoración psicológica especializada

El informe pericial psicológico es un medio de prueba que tiene como objetivo analizar el estado psicológico de una persona y su relación con los hechos que se están valorando judicialmente. Su función principal es aportar una evaluación objetiva, fundamentada y comprensible que sirva de apoyo al juez o tribunal en la toma de decisiones.

Aunque los informes no son vinculantes, en muchos casos las sentencias coinciden con sus conclusiones y recomendaciones, ya que permite:

  • Contextualizar conductas que, sin análisis psicológico, podrían interpretarse de forma incompleta
  • Evaluar el impacto real que determinados hechos presentan sobre el estado psicológico de la persona
  • Analizar capacidades, competencias o limitaciones relevantes para el caso
  • Aportar criterios técnicos y de solidez científica en situaciones de alta complejidad

¿Cómo se elabora un informe pericial psicológico?

1. Análisis de la demanda y del objeto de la pericia

La primera cuestión que debe plantearse es qué se necesita conocer desde el punto de vista psicológico. Delimitar correctamente el objeto de la pericia permite evitar evaluaciones excesivamente generales y seleccionar aquellos procedimientos e instrumentos que realmente resulten pertinentes para responder a la pregunta planteada.

2. Recogida y análisis de información

Una evaluación psicológica forense no debería construirse a partir de una única fuente de información. La finalidad no es acumular información, sino determinar qué datos son relevantes para la cuestión pericial y contrastarlos de manera sistemática.

3. Evaluación psicológica

En el ámbito forense, la entrevista debe estar orientada al objeto de la evaluación y desarrollarse de forma estructurada y sistemática, evitando que la exploración se limite a una conversación general sobre la situación.

La información obtenida durante las entrevistas se integra posteriormente con el resto de los datos disponibles.

4. Aplicación de pruebas e instrumentos psicométricos

La selección de estas herramientas no debería responder a una fórmula fija ni a la idea de que cuantas más pruebas se administren, mejor será una evaluación. Los instrumentos deben seleccionarse en función de la pregunta pericial, las características de la persona evaluada y la información que se necesita obtener.

5. Integración y contraste de la información

El proceso de evaluación debe mantener una actitud de contraste y análisis crítico durante todas sus fases. El objetivo no es confirmar una hipótesis previamente establecida, sino analizar la información disponible y valorar hasta qué punto los resultados obtenidos permiten sostener las diferentes hipótesis planteadas.

6. Elaboración de las conclusiones periciales

No se trata de emitir opiniones personales ni de determinar qué versión de los hechos es verdadera desde un punto de vista jurídico. Las conclusiones deben mantener una relación coherente con la metodología utilizada, los resultados obtenidos y los límites de la información disponible, respondiendo de forma clara a las cuestiones que constituyen el objeto de la pericia. 

7. Limitaciones de la evaluación

Es fundamental señalar el alcance y los límites de la evaluación, diferenciando qué conclusiones pueden sostenerse a partir de la información obtenida y cuáles exceden el ámbito de la valoración realizada.

¿Qué diferencia un buen informe pericial de parte?

Defensa técnica más exhaustiva y especializada

Un buen informe pericial debe poder sostenerse tanto sobre el papel como durante su eventual ratificación en sede judicial. En una pericial de parte, el profesional puede dedicar el tiempo necesario a cada caso, profundizar en la evaluación, analizar la documentación disponible y contrastar la información mediante diferentes fuetes e instrumentos.

La calidad de una evaluación no depende de quien la realiza, sino de cómo se realiza: el tiempo dedicado, la calidad de las herramientas utilizadas, la profundidad de la exploración y la solidez de sus conclusiones. Una evaluación que dispone de tiempo suficiente para explorar, contrastar y profundizar puede ofrecer una valoración mucho más completa de la situación concreta que se está sometiendo a consideración judicial.

¿Qué debe contener un informe pericial psicológico? 

Metodología multimétodo-multifuente

Para que un informe pericial de parte tenga valor en un procedimiento judicial, debe estar sustentado en una metodología rigurosa, debe recoger de forma clara y fundamentada los principales elementos del proceso de evaluación.

En la práctica, esto implica un enfoque multimétodo y multifuente, combinando distintas herramientas de evaluación para obtener una visión lo más completa posible y valorar si los resultados de la evaluación realizada resultan convergentes:

  • Entrevistas clínicas estructuradas
  • Pruebas psicométricas validadas
  • Análisis de documentación judicial, médica y psicológica
  • Entrevistas a terceros relevantes
  • Observación clínica
  • Contraste con otras pruebas solicitadas: análisis de sangre, orina, tóxicos

Dentro de este proceso se aplica un enfoque hipotético-deductivo, formulando inicialmente hipótesis periciales basadas en la información preliminar y en la historia del caso así como hipótesis alternativas. Este proceso permite que las conclusiones del informe no dependan de suposiciones iniciales, sino que estén fundamentadas en la evidencia objetiva, aumentando la solidez y la credibilidad del peritaje. 

¿Qué preguntas puede responder un informe pericial?

Una buena pregunta pericial debe ser concreta, relevante para el procedimiento y susceptible de ser respondida mediante metodología científica a nivel psicológico. Cuanto mejor delimitado esté el objeto de la pericia, más precisa podrá ser la evaluación y más fundamentadas podrán estar sus conclusiones.

Entre otras cuestiones, un informe pericial psicológico puede contribuir a valorar: 

  • La existencia y características de un posible daño psicológico, así como su relación con los acontecimientos objeto del procedimiento.
  • Las capacidades y competencias parentales relevantes en procedimientos de familia y custodia, siempre en relación con las necesidades del menor y las circunstancias concretas del caso.
  • La capacidad de una persona para comprender, valorar y tomar decisiones sobre patrimonio y economía, testamento, decisiones médicas y sanitarias, consentimiento y otros actos con relevancia jurídica, así como madurez y autonomía cuando resulte pertinente.
  • El impacto psicológico de determinadas experiencias de victimización, cuando resulte pertinente para el procedimiento.
  • La imputabilidad y responsabilidad penal, valorando el estado psicológico y las capacidades cognitivas y volitivas relevantes en relación con los hechos investigados.

¿Puede un informe pericial psicológico determinar quién tiene razón?

Una buena pericial de parte no consiste en buscar argumentos que confirmen una versión de los hechos, sino en identificar y evaluar, con rigor e independencia, aquellos elementos psicológicos que pueden resultar relevantes para la estrategia de defensa y para su posterior valoración en sede judicial.

Contar con un informe pericial psicológico bien elaborado puede marcar la diferencia en la interpretación de un caso y contribuir a que las resoluciones judiciales se ajusten mejor a la realidad de las personas implicadas.

Si estás inmerso en un procedimiento judicial y necesitas valorar la elaboración de un informe pericial psicológico, es importante contar con una evaluación rigurosa y adaptada a las características específicas de tu caso.

Es recomendable analizar previamente cada caso de forma individualizada para valorar la utilidad real de una evaluación pericial. 

Puedes solicitar asesoramiento para analizar tu situación de forma individualizada y valorar, junto con un perito psicólogo, la utilidad de una evaluación pericial en tu procedimiento.

Interferencias parentales en procesos de divorcio: impacto en los menores y valoración pericial

Las interferencias parentales en procesos de divorcio hacen referencia a la presencia de conductas o actitudes que dificultan, deterioran o pueden llegar a dañar la relación del menor con el otro progenitor. Estas conductas pueden ser explícitas o sutiles y, en ocasiones, no necesariamente conscientes.

El progenitor que interfiere puede transmitir al menor mensajes, actitudes o emociones que favorecen la aparición de sentimientos de rechazo, culpabilidad u hostilidad hacia el otro progenitor, así como una imagen distorsionada del mismo (por ejemplo, como negligente o poco implicado). Estas dinámicas suelen estar vinculadas al conflicto interparental, especialmente en contextos de ruptura o divorcio contencioso, donde las vivencias emocionales no elaboradas pueden influir y proyectarse en la relación con los hijos.

Algunos ejemplos de interferencias parentales pueden incluir:

  • Generar lealtades divididas
  • Rechazo hacia el otro progenitor
  • Descalificar o verbalizar críticas o comentarios negativos sobre el otro progenitor
  • Transmitir información al menor desde el enfado o la rabia
  • Obstaculizar el contacto o las llamadas telefónicas
  • Incumplimientos del régimen de visitas

Estas dinámicas fueron descritas inicialmente por Richard Gardner (1985), si bien su formulación original conocida por el termino SAP (Síndrome de alienación parental) ha sido posteriormente revisada y cuestionada en la literatura científica, ya que el constructo no tiene respaldo científico sólido. 

En la práctica actual, se aborda desde un enfoque centrado en la observación de conductas y dinámicas relacionales, evitando interpretaciones categóricas.

¿Cómo impactan psicológicamente las interferencias parentales en los menores?

Las interferencias parentales pueden afectar de forma significativa a la estabilidad emocional del menor, su regulación emocional, el vínculo de apego y el desarrollo de su identidad.

Algunas de las consecuencias psicológicas a nivel psicoemocional y conductual son:

  • Síntomas de ansiedad, tristeza o rabia
  • Alteraciones fisiológicas y somatizaciones
  • Doble vinculación emocional (sensación de traicionar a uno de los progenitores)
  • Confusión
  • Culpabilidad y sensación de responsabilidad por el conflicto
  • Miedo al abandono e inseguridad
  • Conflicto de lealtades
  • Dificultad para identificar y expresar emociones
  • Conductas regresivas, disruptivas o problemas escolares
  • Baja autoestima
  • Tendencia a complacer y agradar

Estas dinámicas pueden hacer que el menor deje de sentirse libre para vincularse afectivamente con ambos progenitores, afectando a su sensación de seguridad emocional.

¿Cómo detectar interferencias parentales?

Algunas señales que pueden indicar que un menor está expuesto a interferencias parentales son:

  • Ausencia de ambivalencia en el rechazo hacia uno de los progenitores
  • Uso de narrativas o expresiones propias del discurso adulto
  • Falta de culpabilidad ante el rechazo manifestado
  • Adaptación del discurso en función del progenitor presente

Los menores expuestos a estas dinámicas pueden percibir que cualquier posicionamiento afectivo tiene un coste emocional, lo que les lleva a alejarse de sus propias necesidades.

Esta situación genera con frecuencia una sensación persistente de no hacerlo bien, de tener que elegir —aunque no exista una imposición explícita— y de asumir una responsabilidad emocional que no les corresponde.

En algunos casos, el rechazo hacia un progenitor puede estar mediado por la necesidad de reducir el conflicto interno y garantizar su seguridad emocional en el entorno en el que se encuentran.

Diferenciar interferencias parentales de un rechazo justificado

En las evaluaciones periciales de familia, uno de los aspectos centrales consiste en diferenciar entre posibles dinámicas de interferencias parentales y un rechazo del menor que pueda estar justificado por experiencias previas con ese progenitor.

No todo rechazo implica manipulación. En algunos casos, puede existir una base relacional adulto–menor vinculada a la historia vincular, como la presencia de experiencias negativas, estilos parentales inadecuados o situaciones de negligencia o maltrato.

Por ello, resulta fundamental realizar un análisis individualizado que incluya la exploración del menor y de ambos progenitores, así como la obtención de información procedente de fuentes externas relevantes (familiares, entorno educativo u otras figuras significativas).

Este análisis debe tener en cuenta, entre otros aspectos:

  • La coherencia del discurso del menor
  • La historia relacional previa
  • La posible presencia de indicadores de influencia externa
  • La conducta de ambos progenitores
  • La convergencia de la información obtenida
  • El contexto familiar global

Si te encuentras en un proceso de separación o divorcio y existen dificultades en la relación entre los hijos y uno de los progenitores, es importante analizar la situación desde una perspectiva técnica y objetiva. Una evaluación pericial psicológica puede ayudar a esclarecer la dinámica familiar y aportar criterios técnicos relevantes en el procedimiento judicial. 

Puedes solicitar asesoramiento para valorar tu caso de forma individualizada.

González Sarrió, I. (2017). Las interferencias parentales y la alienación parental en el contexto jurídico español: revisión de sentencias judiciales en materia de guarda y custodia (Tesis doctoral, Universitat de València). https://hdl.handle.net/10550/58284

Vallejo Orellana, R., Sánchez-Barranco Vallejo, F., & Sánchez-Barranco Vallejo, P. (2004). Separación o divorcio: Trastornos psicológicos en los padres y los hijos. Cuadernos de Medicina Forense, (43–44), 117–128. https://scielo.isciii.es/pdf/cmf/n43-44/09.pdf

Custodia compartida: Modelo preferente pero no automático

En el ámbito del derecho de familia, cada proceso de separación o divorcio nos cuenta una historia distinta. Sin embargo, desde la práctica profesional se observa un patrón que se repite con frecuencia: Los conflictos que llegan a sede judicial rara vez comienzan centrados en los hijos.

En su origen, suelen aparecer reproches, vivencias de traición, heridas emocionales o desacuerdos económicos. Progresivamente, los hijos quedan situados en medio de este escenario, pasando a formar parte de un conflicto que inicialmente no les pertenecía.

La custodia compartida en la jurisprudencia actual

En los últimos años, la doctrina del Tribunal Supremo ha consolidado una idea clara: la custodia compartida no debe considerarse una medida excepcional.

Cuando las circunstancias lo permiten, puede constituir una fórmula adecuada para garantizar la presencia y corresponsabilidad de ambos progenitores en la vida de los hijos. No obstante, es importante subrayar que no se trata de una decisión automática ni aplicable de forma generalizada a todos los casos.

Cada situación requiere una valoración individualizada, atendiendo al interés superior del menor.

¿Cuáles son los factores clave para valorar la custodia compartida?

Uno de los elementos que más condiciona la viabilidad de este régimen es el nivel de conflicto entre los progenitores. Que la custodia compartida sea la alternativa deseable no implica que tengamos que demostrar la idoneidad de la medida.

Cuando el conflicto ocupa un lugar central, existe el riesgo de que los hijos queden atrapados en una dinámica perjudicial para su desarrollo emocional.

¿Que indicadores de relevancia suelen analizarse en la práctica forense y judicial en materia de familia?:

  • La capacidad de cada progenitor para atender adecuadamente al menor
  • La estabilidad psicológica y emocional
  • La disponibilidad real para cubrir las necesidades cotidianas
  • El vínculo previo con los hijos
  • La proximidad de los domicilios y la estabilidad del entorno del menor
  • La ausencia de instrumentalización de los hijos dentro del conflicto
  • La existencia de un mínimo de cooperación y respeto entre los progenitores

El interés superior del menor pasa por encima de imponer una custodia compartida.

El impacto del conflicto parental en los hijos

No es necesario que exista una relación armónica entre los progenitores, algo poco frecuente tras una ruptura, pero sí resulta fundamental que los hijos no se conviertan en el escenario del conflicto.

En muchos casos, las tensiones económicas derivadas de la separación o del reparto de bienes intensifican la disputa, desplazando el foco desde la crianza futura y la garantía de estabilidad hacia el enfrentamiento entre adultos. Cuando esto ocurre, el bienestar emocional de los menores puede verse comprometido.

El papel del informe pericial psicológico

En el contexto judicial, el informe pericial psicológico adquiere un papel relevante en la valoración de la idoneidad de un régimen de custodia.

En un reciente auto de medidas provisionales con el que trabajamos, se pone de relieve la importancia de este tipo de evaluaciones, concluyéndose la ausencia de indicadores que desaconsejan la custodia compartida. Entre los elementos valorados, se incluye el análisis psicológico del progenitor.

Este tipo de resoluciones reflejan cómo la evaluación técnica puede contribuir a fundamentar decisiones ajustadas a las necesidades reales de los menores.

Más allá de la resolución judicial

Más allá de cada caso concreto, este tipo de decisiones recuerdan una cuestión esencial en la práctica profesional: detrás de cada procedimiento judicial hay una familia intentando reorganizarse. 

Los hijos, en este contexto, necesitan que los adultos encuentren la forma —aunque sea imperfecta— de seguir ejerciendo su función parental de manera conjunta y responsable.

Hacia una visión realista de la custodia compartida

La custodia compartida no es una solución universal, pero tampoco una excepción. Su idoneidad dependerá de múltiples factores, especialmente de la capacidad de los progenitores para situar el bienestar de los hijos por encima del conflicto.

Adoptar una visión realista, alejada tanto de posturas idealizadas como de rechazos automáticos, permite avanzar hacia modelos de intervención más ajustados a cada realidad familiar.

Si te encuentras en un proceso de separación o divorcio y necesitas valorar la idoneidad de un régimen de custodia, el informe pericial psicológico puede aportar una visión técnica clave para tu caso.

Contar con una evaluación rigurosa permite analizar en profundidad las dinámicas familiares, el bienestar de los menores y las capacidades parentales, facilitando decisiones técnicas y ajustadas a cada situación.

Si necesitas orientación o deseas solicitar una valoración pericial, puedes ponerte en contacto con nuestro gabinete para estudiar tu caso de forma individualizada.

¿Qué es la psicología forense y cuando necesitas un informe pericial psicológico?

Descubre qué es la psicología forense y en qué situaciones puede ayudarte un informe pericial psicológico en un proceso judicial o administrativo.

Te contamos 7 situaciones en las que podrías necesitarlo.

La psicología forense: una disciplina al servicio de la justicia

La psicología forense es una rama de la psicología vinculada al ámbito judicial, cuya finalidad consiste en relacionar aspectos psicológicos con los hechos que se juzgan en un procedimiento judicial. La principal herramienta de trabajo del psicólogo forense es el informe pericial psicológico.

El informe pericial psicológico es un medio de prueba de carácter técnico que proporciona una evaluación psicológica objetiva, basada en el conocimiento científico y con independencia de criterio. En él se evalúa el estado psicológico de las personas implicadas en un procedimiento legal y lo relaciona con la causa judicial.

Estos informes se basan en el rigor científico, y su principal función es la de auxiliar al juez o al Tribunal correspondiente.

Principios éticos y metodológicos del informe pericial

El Código Deontológico del Psicólogo (COP, 2011) y la Guía de buenas prácticas para la elaboración de informes psicológicos periciales forenses, consideran esencial la aplicación de los siguientes principios: 

  • Su competencia profesional, el psicólogo forense debe ser responsable de estar debidamente especializado y formarse de manera continua en psicología forense y mantenerse informado de la actualización legislativa. Asimismo, también deberá reconocer los límites de su competencia y de sus técnicas. 
  • Los principios de veracidad y responsabilidad de sus actos. El psicólogo forense debe rechazar la prestación de sus servicios cuando haya certeza de que pueden ser mal utilizados o usados en contra de los legítimos intereses de las personas, grupos, comunidades o instituciones. 
  • los principios de objetividad e imparcialidad de sus valoraciones según los conocimientos científicos de su disciplina, para dar respuesta a las preguntas específicas que plantee el Juez. El perito designado judicialmente no tiene un valor probatorio superior frente a un perito de parte, su evaluación debe basarse en datos contrastables y evitar juicios de valor o suposiciones sin ningún fundamento. 

La prueba pericial psicológica es de gran importancia para el Tribunal en la toma de decisiones judiciales. Aunque no es vinculante para el fallo de la causa, un análisis de las sentencias revisadas muestra que, en un porcentaje cada vez mayor de casos, sus conclusiones y recomendaciones coinciden con las contenidas en los informes periciales.

Para garantizar la solidez de las conclusiones en el informe pericial y su validez como medio de prueba basado en el conocimiento científico, es fundamental que estos informes sigan una metodología rigurosa, caracterizada por un enfoque multimétodo y multifuente. Esto implica que un informe pericial psicológico de calidad debe sustentarse en una evaluación integral que incluye: 

  • Entrevistas clínicas semiestructuradas
  • Aplicación de pruebas psicométricas validadas
  • Revisión documental (historial clínico, informes previos)
  • Entrevistas a terceros
  • Observación conductual y contextual

De esta manera, se asegura el rigor científico y la objetividad en el análisis. 

Si los informes no cuentan con una metodología consistente de este tipo y no son detallados, es probable que sus conclusiones no sean lo suficientemente sólidas.

¿En qué casos puedes beneficiarte de un informe pericial psicológico?

Te presentamos algunas situaciones donde puede ser determinante:

1. Violencia, trauma o agresiones
  • Demostrar el daño psicológico sufrido tras agresiones sexuales, accidentes de tráfico, catástrofes u otros hechos traumáticos.
2. Acoso laboral o mobbing
  • Evaluar si una situación laboral genera consecuencias psicológicas relevantes, valorar el daño psíquico derivado y si es compatible con una situación de acoso laboral.
3. Violencia de género y relaciones abusivas
  • Determinar la existencia de maltrato psicológico y sus secuelas, así como valorar la credibilidad del testimonio.
4. Procesos de familia y custodia
  • Evaluar capacidades parentales, alternativas de custodia, identificar negligencia o interferencias parentales, y proponer medidas adaptadas al bienestar del menor.
5. Responsabilidad penal
  • Valorar si la persona acusada comprende la ilicitud de sus actos y tiene capacidad de actuar conforme a esa comprensión.
6. Capacidad de obrar y curatela
  • Evaluar el estado cognitivo y/o emocional de una persona para determinar su capacidad legal para tomar decisiones, firmar contratos, gestionar bienes, etc.
7. Incapacidad laboral
  • Determinar si una persona puede desempeñar una actividad laboral de forma autónoma o si presenta limitaciones psicológicas para ello.

Si te encuentras en una situación legal, laboral o personal en la que necesites demostrar tu estado psicológico o el de un familiar, un informe pericial psicológico puede ser una herramienta clave para aportar claridad y objetividad ante los tribunales.

Como psicóloga especializada en psicología forense, te ofrezco una evaluación rigurosa, imparcial y fundamentada en evidencia científica.

¿Tienes dudas sobre si necesitas un informe pericial? Puedes escribirme sin compromiso y te orientaré sobre cuál es el procedimiento más adecuado en tu caso.

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