
Las interferencias parentales en procesos de divorcio hacen referencia a la presencia de conductas o actitudes que dificultan, deterioran o pueden llegar a dañar la relación del menor con el otro progenitor. Estas conductas pueden ser explícitas o sutiles y, en ocasiones, no necesariamente conscientes.
El progenitor que interfiere puede transmitir al menor mensajes, actitudes o emociones que favorecen la aparición de sentimientos de rechazo, culpabilidad u hostilidad hacia el otro progenitor, así como una imagen distorsionada del mismo (por ejemplo, como negligente o poco implicado). Estas dinámicas suelen estar vinculadas al conflicto interparental, especialmente en contextos de ruptura o divorcio contencioso, donde las vivencias emocionales no elaboradas pueden influir y proyectarse en la relación con los hijos.
Algunos ejemplos de interferencias parentales pueden incluir:
- Generar lealtades divididas
- Rechazo hacia el otro progenitor
- Descalificar o verbalizar críticas o comentarios negativos sobre el otro progenitor
- Transmitir información al menor desde el enfado o la rabia
- Obstaculizar el contacto o las llamadas telefónicas
- Incumplimientos del régimen de visitas
Estas dinámicas fueron descritas inicialmente por Richard Gardner (1985), si bien su formulación original conocida por el termino SAP (Síndrome de alienación parental) ha sido posteriormente revisada y cuestionada en la literatura científica, ya que el constructo no tiene respaldo científico sólido.
En la práctica actual, se aborda desde un enfoque centrado en la observación de conductas y dinámicas relacionales, evitando interpretaciones categóricas.
¿Como impacta psicológicamente las interferencias parentales en los menores?
Las interferencias parentales pueden afectar de forma significativa a la estabilidad emocional del menor, su regulación emocional, el vínculo de apego y el desarrollo de su identidad.
Algunas de las consecuencias psicológicas a nivel psicoemocional y conductual son:
- Tendencia a complacer y agradar
- Síntomas de ansiedad, tristeza o rabia
- Alteraciones fisiológicas y somatizaciones
- Doble vinculación emocional (sensación de traicionar a uno de los progenitores)
- Confusión
- Culpabilidad y sensación de responsabilidad por el conflicto
- Miedo al abandono e inseguridad
- Conflicto de lealtades
- Dificultad para identificar y expresar emociones
- Conductas regresivas, disruptivas o problemas escolares
- Baja autoestima
Estas dinámicas pueden hacer que el menor deje de sentirse libre para vincularse afectivamente con ambos progenitores, afectando a su sensación de seguridad emocional.
¿Cómo detectar interferencias parentales?
Algunas señales que pueden indicar que un menor está expuesto a interferencias parentales son:
- Ausencia de ambivalencia en el rechazo hacia uno de los progenitores
- Uso de narrativas o expresiones propias del discurso adulto
- Falta de culpabilidad ante el rechazo manifestado
- Adaptación del discurso en función del progenitor presente
Los menores expuestos a estas dinámicas pueden percibir que cualquier posicionamiento afectivo tiene un coste emocional, lo que les lleva a alejarse de sus propias necesidades.
Esta situación genera con frecuencia una sensación persistente de no hacerlo bien, de tener que elegir —aunque no exista una imposición explícita— y de asumir una responsabilidad emocional que no les corresponde.
En algunos casos, el rechazo hacia un progenitor puede estar mediado por la necesidad de reducir el conflicto interno y garantizar su seguridad emocional en el entorno en el que se encuentran.
Diferenciar interferencias parentales de un rechazo justificado
En las evaluaciones periciales de familia, uno de los aspectos centrales consiste en diferenciar entre posibles dinámicas de interferencias parentales y un rechazo del menor que pueda estar justificado por experiencias previas con ese progenitor.
No todo rechazo implica manipulación. En algunos casos, puede existir una base relacional adulto–menor vinculada a la historia vincular, como la presencia de experiencias negativas, estilos parentales inadecuados o situaciones de negligencia o maltrato.
Por ello, resulta fundamental realizar un análisis individualizado que incluya la exploración del menor y de ambos progenitores, así como la obtención de información procedente de fuentes externas relevantes (familiares, entorno educativo u otras figuras significativas).
Este análisis debe tener en cuenta, entre otros aspectos:
- La coherencia del discurso del menor
- La historia relacional previa
- La posible presencia de indicadores de influencia externa
- La conducta de ambos progenitores
- La convergencia de la información obtenida
- El contexto familiar global
Si te encuentras en un proceso de separación o divorcio y existen dificultades en la relación entre los hijos y uno de los progenitores, es importante analizar la situación desde una perspectiva técnica y objetiva. Una evaluación pericial psicológica puede ayudar a esclarecer la dinámica familiar y aportar criterios técnicos relevantes en el procedimiento judicial.
Puedes solicitar asesoramiento para valorar tu caso de forma individualizada.
González Sarrió, I. (2017). Las interferencias parentales y la alienación parental en el contexto jurídico español: revisión de sentencias judiciales en materia de guarda y custodia (Tesis doctoral, Universitat de València). https://hdl.handle.net/10550/58284
Vallejo Orellana, R., Sánchez-Barranco Vallejo, F., & Sánchez-Barranco Vallejo, P. (2004). Separación o divorcio: Trastornos psicológicos en los padres y los hijos. Cuadernos de Medicina Forense, (43–44), 117–128. https://scielo.isciii.es/pdf/cmf/n43-44/09.pdf
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